Lorca a través del tiempo

INTRODUCCIÓN

    


Lorca es una ciudad histórica y de perfil monumental. Vista de 1740
(dibujo de Enrique Espín Rael, Centro Cultural Espín)

 

   Lorca es una ciudad histórica y muy monumental. Su espacio urbano está plagado de edificios de verdadero interés artístico que han ido surgiendo a través de los tiempos. La evolución de Lorca está íntimamente ligada a su pasado histórico y al espacio geográfico que la rodea. Desde aquí le invitamos a descubrir el pasado histórico de Lorca para así comprender el amplio legado arquitectónico que posee la ciudad.

   Lorca ha buscado su origen, como otras tantas ciudades, en la etimología de su propio nombre, creándose en torno a él  toda una confabulación de leyendas que quieren responder, entre hechos heroicos y personajes mitológicos, a la fundación, casi mágica, de la ciudad. A estos criterios responden aquellos autores que hablan de los Lucros, pueblo emparentado con la legendaria Troya y el mítico Eneas como fundadores de Lorca; de Elisa, biznieto del patriarca Noé; o de dos príncipes, uno troyano, Elio, y otro griego, Crota, cuyas figuras ciclópeas están bellamente representadas en la esquina de la Casa del Corregidor desde 1750. De ahí deriva el primitivo nombre de Lorca, «Eliocroca», que significa «Ciudad del Sol».

 


Las figuras de Elio y Crota, míticos fundadores de Lorca

 

   En cambio, la arqueología sí permite comprender de forma más fidedigna el pasado más antiguo de Lorca, teniendo en cuenta que en territorio lorquino existen alrededor de 500 yacimientos arqueológicos que, desde lo más profundo de la Prehistoria, abarcan el abismo de los siglos hasta llegar a nuestra historia contemporánea.

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EL ESCUDO DE LORCA

 


Escudo de Lorca

 

   El escudo de Lorca, de origen medieval aunque su configuración actual procede del siglo XVIII, es un claro reflejo del importante papel que jugó como Ciudad Fronteriza entre los reinos cristiano de Castilla y nazarí de Granada desde el momento en que es reconquistada por Alfonso X el Sabio en 1244. 

   La descripción del escudo, con forma de medallón, es la siguiente: en campo de azur, en el escudo aparece un castillo, referente al Castillo de Lorca y a su Torre Alfonsina. Encima de ésta, la figura del rey Alfonso X el Sabio, armado con una espada en la mano derecha para simbolizar el poder militar de la ciudad y la defensa de los intereses de la corona, sosteniendo con la mano izquierda la llave de la ciudad, ambas de oro. A la derecha del castillo hay, en vertical, una espada de oro, y a la izquierda, también en vertical, una llave, también de oro. Sobre el escudo aparece una corona real. Alrededor del escudo se lee el lema de la ciudad, escrito en latín:

«Lorca solum gratum, castrum super astra locatum;
ensis minans pravis, regni tutissima clavis».
«Lorca de suelo agradable, de castillos encumbrados;
espada contra malvados, del Reino segura llave».

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LOS PRIMEROS POBLADORES DE LORCA (hasta el siglo VIII)

 


Pinturas rupestres en el Abrigo del Mojao

 

   La comarca de Lorca está poblada desde el principio de los tiempos. Los primeros pobladores de estas tierras fueron recolectores y cazadores que habitaron en abrigos y cuevas bien orientadas y al pie de los cursos fluviales. De estos primitivos pueblos nos han quedado restos de pinturas rupestres en grutas situadas en los arcos montañosos de la zona noroccidental del municipio y diversas estructuras megalíticas (Cerro Negro Jofré). Los restos más antiguos que se han descubierto datan del 120.000-95.000 años a.C. junto al río Turrilla. El hecho de que se hallan encontrado en las proximidades del cauce del río Guadalentín restos del Neolítico, evidencia un poblamiento continuo en la ciudad desde hace al menos 5.500 años, lo que hace de Lorca una de las urbes más antiguas de España. Por aquel entonces, Lorca ya era un núcleo de paso importante emplazado en la zona de Murviedro, en las proximidades del Castillo. De este tiempo data el complejo funerario de Cueva Sagrada, de donde se extrajeron las túnicas de lino más antiguas de Europa.

 


Túnicas de Cueva Sagrada (Museo Arqueológico de Lorca)

 

   Gran importancia registró en Lorca la Cultura del Argar (2.000-1.000 a.C.) al ubicarse aquí sus yacimientos más importantes: Cerro de Las Viñas (Coy), Almendricos, Los Cipreses (éstos últimos son visitables y están tematizados), y el mismo casco urbano de Lorca, posiblemente el más destacado y primigenio de esta cultura, la más brillante de la Edad del Bronce por su forma de vida, actividad agraria y su producción alfarera.

   El mundo Ibérico (500-300 a.C.) también tendrá fuerte presencia en Lorca, siendo el poblado más representativo de la comarca, extendido por la ladera sureste del monte del Castillo, resguardado por una fuerte muralla, coronado por un castillo en forma de acrópolis, una necrópolis y un barrio de alfareros. Es muy posible que este pueblo pusiera a aquel núcleo el topónimo indígena de «Ilorci».

 


Yacimiento argárico de Los Cipreses (La Torrecilla)

 

   Al finalizar la II Guerra Púnica (206 a.C.) se inicia la intensificación de la romanización de la comarca lorquina. Esto supuso la transformación de los núcleos ibéricos, el trazado de calzadas romanas como la Vía Augusta que incluyó a Lorca en el itinerario que une Roma con Tarraco, Cartago Nova y Gádir, y la potenciación de la ciudad como centro comercial y de intercambio de productos agrarios con regiones itálicas y norteafricanas. Además de conservarse algunos tramos de esta calzada, queda situada en la glorieta de San Vicente una de las muchas columnas miliarias que señalizaron esta vía de comunicación, siendo de la época del emperador Augusto (siglo VIII a.C.)   

   La ciudad romana de Lorca, que aparece reflejada en el Itinerario de Antonino (redactado en el siglo III) con el nombre de «Eliocroca», tuvo gran esplendor económico, político y social. Tanto que llegó a contar con Diócesis Episcopal propia representada por San Suceso como obispo y Liberal como presbítero, quedando en decimocuarto lugar por su antigüedad hasta ser integrada por la provincia Cartaginense. La extensión de la ciudad permite fijar sus vértices entre el cauce del río y la calle Floridablanca. Fuera del casco urbano se ubicaban importantes villas rurales, siendo la de La Quintilla, descubierta en 1876, la más representativa al mostrar bellos mosaicos.

 

     
La Lorca romana. Mosaico de la villa de La Quintilla y una Columna Miliaria (Museo Arqueológico de Lorca)

 

   De la Lorca bizantina y visigoda (siglos V-VIII d.C.) se tienen pocas noticias. La desintegración del Imperio Romano y el enfrentamiento entre los pueblos visigodo y bizantino implicará una etapa de crisis generalizada con el decaimiento de todos los núcleos de población.

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LORCA EN LA EDAD MEDIA (siglos VIII a XV)

 


Lorca en 1266. Recreación de la ciudad durante la Edad Media, en la que vivieron musulmanes, cristianos y judíos (Museo Arqueológico de Lorca)

 

   Los musulmanes, tras la invasión de la península Ibérica en el año 711, pronto van a llegar a Lorca, a la que llamaron «Lurqa», permaneciendo aquí durante casi mil años. El Pacto de Teodomiro (en el 713) entre Abd al-Aziz y el conde visigodo, implicó un acuerdo amistoso por el que los visigodos entregaban las siete ciudades más importantes del reino al Islam, Lorca incluida, a cambio de mantener sus tradiciones y costumbres. La ciudad inicia así un rápido proceso de islamización, aumentando su población con la llegada de musulmanes de Egipto y la zona Subsahariana. Pronto Lorca adquirirá gran relevancia por su posición estratégica, convirtiéndose en el año 756 en capital administrativa y económica del Condado de Tudmir hasta la fundación de la ciudad de Murcia en el 826. Durante los reinados de Abd al-Ramhman III y su hijo Alhákem III se realizaron grandes infraestructuras en el municipio con la construcción de vías de comunicación y el desarrollo de los sistemas de regadío en la vega lorquina, ampliando la obra realizada por los romanos.

 


La Lorca islámica. Enterramiento y lápida sepulcral (Museo Arqueológico de Lorca)

 

   Con la desintegración del Califato de Córdoba y el surgimiento de los reinos de Taifas, Lorca se convierte en capital de un Reino propio en 1051 gobernado por los hermanos Beni Lubbun, el cual se extendía hasta las tierras de Granada y Jaén. Esa etapa de gran esplendor hace que urbanísticamente Lorca logre alcanzar el perfil completo de ciudad islámica con una alcazaba, una medina amurallada, arrabales en el extrarradio y una musara o zona de entrenamiento. Dentro de la ciudad existían mezquitas, baños árabes, bazares, alhóndigas, escuelas coránicas, etc. De todo ello existen vestigios arqueológicos repartidos por toda la ciudad. En 1154 el geógrafo árabe El-Edrisi describió Lorca como «villa importante fortificada sobre una montaña, con un bazar y un arrabal rodeado de muros (Arrixaca)». Más allá del perímetro urbano se extendía un vasto territorio salpicado de pequeñas alquerías rurales.

   En junio de 1244 el rey Alfonso X el Sabio conquista la ciudad para el reino cristiano de Castilla mediante una capitulación, en base a lo suscrito por el Pacto de Alcaraz de 1243. Desde este momento y hasta la conquista definitiva de Granada en 1492, Lorca va a cumplir el crucial papel de Ciudad Fronteriza entre los reinos castellano y nazarí, siendo muy numerosas las batallas en las que los lorquinos van participar y obtener valiosas victorias. La más significativa, y decisiva para la toma de la Alhambra, fue la Batalla de los Alporchones, ocurrida un 17 de marzo de 1452, día de San Patricio, en cuyo honor se levantó un templo de planta catedralicia que es el mayor de la ciudad. En 1271 Lorca recibe el Fuero de Córdoba que otorgó a la villa una administración similar a la de Murcia y en 1442, el rey Juan II, le concede el título de Noble Ciudad por su permanente lealtad a la corona.

 


El Castillo de Lorca, máximo exponente de la época medieval



   Lorca se irá convirtiendo en una ciudad cristiana de forma progresiva. Se amplía y se dota a la antigua alcazaba de tres grandes torres militares (Espolón, Alfonsina —o del Homenaje, en el centro del cerro— y la desaparecida de Guillén Pérez de Pina), las mezquitas se convierten en iglesias, se establecen los primeros conventos en las salidas de la ciudad, se reutilizan viejos edificios públicos y la ciudad mantiene su disposición en la ladera del Castillo contreñida por una recia muralla de doce metros de altura. En el siglo XV ya se tiene constancia de la existencia de un núcleo de población al otro lado del río que daría lugar al Barrio de San Cristóbal; igualmente la población hebrea establece su judería en la zona oriental del Castillo, siendo de las pocas de la península que estuvo encastillada y con una sinagoga (que pronto podrá ser visitada) excepcional al ser la única de España que no fue profanada tras la huida de este pueblo.
Lorca, a finales del siglo XV, extendía su territorio sobre 2.000 km2 y su población se situaba en unos 6.000 habitantes.

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LORCA EN EL RENACIMIENTO (siglos XVI y XVII)

 


En el siglo XVI aparece un nuevo espacio urbano: la Plaza Mayor, centro del poder civil, eclesiástico y judicial

 

   La caída de Granada en 1492 supone la desaparición de la frontera y la apertura de una nueva etapa de cambios urbanísticos, económicos y sociales en Lorca.

   El siglo XVI es un periodo de gran prosperidad. La población local aumenta hasta los 9.500 habitantes. La ganadería se convertirá en la principal fuente de riqueza económica, lo que dará lugar a la configuración de una oligarquía (fraguada durante la Edad Media) que copará los cargos públicos y se hará con la propiedad del agua y la tierra, que quedarán inéditamente separadas desde entonces. Hacia 1550 el municipio lorquino alcanza la mayor extensión territorial de su historia: 2.500 km2 que abarcan desde Huércal-Overa (Almería) hasta las puertas de Cartagena.

   La ciudad medieval, homogénea física y socialmente, se va a convertir en una Ciudad Renacentista marcadamente jerarquizada entre las clases opulentas, el clero y las clases trabajadoras. Con la desaparición del peligro fronterizo, las murallas que cercan la ciudad se irán derribando para permitir su crecimiento hacia el valle. Se producen algunas remodelaciones interiores para sanear el casco urbano, se trazarán algunas calles principales como la Corredera, Selgas o del Álamo y se creará la Plaza Mayor como nuevo centro de poder administrativo, religioso y civil, adosándose a ella los edificios más representativos. Asimismo la mutación urbana supone la implantación de una arquitectura monumental que va a resaltar el centro urbano para dar prestigio a la ciudad.

   Al convertirse Lorca en una ciudad agrícola y artesana colonizadora de una gran comarca natural, se construirán importantes edificios públicos (nuevo Concejo, Lonja, Cárcel, Pósito, Carnicerías, Hospitales…) que se irán alternando con otros privados de factura palaciega (familias Alburquerque, Yrurita, Salazar-Rosso, Martín Leonés…) y edificios religiosos de nueva creación (conventos de La Merced, Santo Domingo, San Francisco, Virgen de las Huertas…)

 


Oligarquía lorquina: el Palacio de los Moreno

 

   El siglo XVII, en cambio, es una etapa de recesión a nivel general y en toda la nación. En el caso concreto de Lorca la crisis se agudizará con el agotamiento de la ganadería como pilar económico básico y la reducción de las cosechas por efectos de la sequía y la sucesión de algunas catástrofes (rotura de la primera presa de Puentes, peste negra de 1647, terremotos de 1674). Lo más notable es la creación del Corregimiento de Lorca en 1645 por privilegio de Felipe IV y la construcción de numerosas casas nobiliarias, sobresaliendo sin duda el Palacio de los Guevara (1694), una joya del barroco civil levantino. A finales de siglo la población de Lorca es de unos 11.500 habitantes.

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LORCA, UNA CIUDAD BARROCA (siglo XVIII)

 


La importancia de Lorca en el siglo XVIII y sus aspiraciones capitalinas están representadas en la Colegiata de San Patricio

 

   El siglo XVIII (hasta 1770) va a ser para Lorca una etapa de gran esplendor en todos los sentidos. La población local va a aumentar desde los 14.200 habitantes de 1708 a los 37.834 de 1787. Mientras, el modelo productivo local se va a diversificar con la roturación de nuevas tierras en las diputaciones altas para satisfacer las necesidades básicas de alimentación de una población creciente, la implantación en monocultivo de la barrilla para la producción de vidrio y sosa para jabón, el desarrollo de las actividades comerciales y la potenciación del artesanado. En 1713 Lorca se dota de sus primeras Ordenanzas Municipales en las que se van a regular tres tipos de actividades básicas: las agrarias, las urbanas y las de policía.

   Buena parte de esta prosperidad económica y social estriba en ser Lorca una de las comarcas españolas más beneficiadas por el Reformismo Borbónico en tiempos de Carlos III: reparto de tierras, reformas agrarias, trazado de nuevas acequias y vías de comunicación, la creación del nuevo puerto y población de Águilas, el inicio de la ejecución del malogrado trasvase desde los ríos Castril y Guardal, y la construcción de los pantanos de Puentes y Valdeinfierno, los mayores de su época en Europa.

   En el aspecto urbanístico, Lorca se va a configurar como una verdadera Ciudad Barroca a consecuencia de su dinámica económica y social. Durante los últimos siglos, Lorca había sido la segunda ciudad más importante del Reino de Murcia tras la capital, reclamando de forma continuada la recuperación de la antigua Diócesis de Eliocroca toda vez que finalizaba la magna obra de la Colegiata de San Patricio (1531-1780), de planta catedralicia y otros edificios públicos y privados que daban prestigio a la ciudad.

 


El desarrollo económico favorece el enriquecimiento de una oligarquía que tiene su origen en la época medieval

 

   El legado artístico que nos dejó el siglo XVIII es muy sobresaliente, dando como resultado una ciudad monumental entre las primeras del Levante español. La ciudad barroca es la máxima expresión del arte en el espacio, es un escenario en el que quedan representados todos los ideales del Renacimiento. La gran novedad surge con la perspectiva, lo que permite crear una ciudad del arte con gran lucidez visual. Lorca, durante este tiempo, afirma su condición noble y señorial, resolviendo en piedra el pasado glorioso de la ciudad y proclamando los sentimientos religiosos más arraigados.

   Los nuevos edificios que van a poblar esta ciudad en crecimiento son muy numerosos: servicios públicos básicos (nuevo Ayuntamiento, Casa del Corregidor, plaza de la Verdulería, Colegio Universitario de La Purísima, Pósito de Panaderos, Pósito de Labradores, Granero Decimal, Comunidad de Regantes,…); remodelación de viejos templos religiosos (iglesias de San Cristóbal, Santiago, San Diego, San Francisco, Virgen de las Huertas, San Pedro, Santa María, San Juan, San Roque y San Lázaro); creación de otros nuevos en las zonas de ensanche (Capilla del Rosario, San José, El Carmen); ampliación y mejora de los conventos (La Merced, San Juan de Dios, Mercedarias, Santa Ana y Magdalena, San Francisco) y se crean las parroquias de Lumbreras, Coy y La Tova. En cuanto a edificios civiles, a partir de 1750, se van a levantar casas palaciegas pertenecientes a familias muy pudientes de Lorca: Menchirón Pérez-Monte, Potous Moxica, O´Shea, Guevara, Mula, Musso, etc. que van a inmortalizar una arquitectura muy propia de la ciudad de entonces.

 


El mejor ejemplo del barroco civil en el Levante español: el Palacio de Guevara

 

   Son muchos los viajeros que llegan a Lorca en la segunda mitad de la centuria y la describen con mucho detalle, siendo la de Joseph Towsend (1787) la más detallada: «Lorca es una ciudad grande, situada a orillas del Guadalentín; encierra nueve parroquias y 21.886 habitantes, ocho conventos de hombres y dos de mujeres. Tiene manufacturas de telas, tejidos de seda y de lana, pero han decaído. Las fábricas para hacer salitre son muy grandes y parecen ser llevadas de manera que consumen poco combustible». A este viajero inglés, además de encandilarle los monumentos lorquinos, quedó fascinado por los románticos paseos de las Alamedas, cuya belleza comparó con los parques de Oxford, siendo quizá de las primeras calles peatonales de España. 

    
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LORCA EN EL SIGLO XIX

 


Uno de los edificios más representativos del XIX lorquino: el Palacio del Huerto Ruano

 

   Las primeras décadas del siglo XIX van a ser nefastas para Lorca. El cúmulo de acontecimientos adversos que sufre la ciudad la llevará a una situación de desesperación, estancamiento económico y social, y de pérdida de peso específico en el contexto regional, del que no se recuperará. La rotura de la segunda presa de Puentes en 1802 (causando 608 víctimas); los efectos de la Guerra de la Independencia (1810); la fiebre amarilla de un año después; y el debilitamiento político, administrativo, económico y religioso fomentado desde la capital provincial, sumió a Lorca en una penosa situación que se quiso resolver en varias ocasiones con su elevación como Capital de Provincia.

 


Estado en que quedó la presa de Puentes tras su rotura en 1802 (Centro Cultural Espín)

 

   Esta situación cambiará en las últimas décadas de la centuria al producirse cuatro hechos fundamentales: la desamortización, que redistribuirá la propiedad de la tierra y generará nuevos espacios urbanos en el centro de la ciudad; la llegada del ferrocarril (1885), que acabará por fomentar el desarrollo industrial (centrado en el barrio de San Cristóbal) y la exportación de productos agrarios; el nacimiento de la minería como nuevo pilar económico en la zona litoral y en las sierras del interior; y una nueva dinámica económica que atraerá a gentes procedentes de las provincias vecinas y permitirá el resurgimiento urbanístico de la ciudad. Lorca inicia el siglo XIX con 32.600 habitantes, duplicando esta cifra a lo largo de la centuria.

 


El Teatro Guerra, en el ensanche decimonónico

 

   El perfil monumental de Lorca se completa en este tiempo con bonitos edificios de arquitectura ecléctica. Se levantaron edificios de interés público y recreativo: Teatro Guerra, Casino Artístico-Literario, Plaza de Toros, Matadero Municipal, Asilo de San Diego, Cementerio de San José, Puente del Barrio de San Cristóbal, los hoteles Comercio y España además de ponerse en marcha nuevas carreteras, centros benéficos y la ampliación progresiva del servicio de agua potable a través de las fuentes públicas, siendo las de La Estrella y Santa Quiteria las más antiguas. Los nuevos edificios particulares se sitúan en los nuevos ensanches de la ciudad entre la calle Corredera y la línea del ferrocarril, destacando las mansiones de algunas familias lorquinas pudientes como es el caso del Huerto Ruano.

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LORCA EN LOS SIGLOS XX Y XXI

 

Plaza del Óvalo de Santa Paula. Monumento a la Semana Santa

 

   La llegada de inmigrantes al municipio de Lorca a finales del siglo XIX incrementa la cifra de su número de vecinos a 69.800, siendo la undécima ciudad más poblada de España. Las primeras décadas del siglo XX se caracterizan por un grave debilitamiento de su estructura económica por el declive minero y las periódicas sequías. Esto generará grandes corrientes emigratorias al exterior (área de Barcelona, norte de África, Sudamérica, sur de Europa) ante un alto crecimiento poblacional. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), Lorca se mantuvo durante todo el conflicto en zona de retaguardia republicana. Asimismo, se produce un severo despoblamiento de la ciudad en favor de las zonas rurales, que van a estar más pobladas que nunca.

 


La ciudad de Lorca en 1900 (Archivo Municipal de Lorca)

 

   Por su significación en el posterior desarrollo urbano de la ciudad de Lorca destacan dos hechos: la construcción del Cuartel de Infantería Sancho Dávila en el barrio de San Cristóbal (1924) y el lento traslado del Cementerio del barrio de San José a las afueras. También se levantan algunos edificios modernistas como la Cámara Agrícola y a partir de 1940 aparecen entre el paisaje urbano las primeras muestras de arquitectura racionalista (edificios Cachá, Novedades, Cristal Cinema, Almacenes Bertrand, Escuela de Maestría Industrial…) Del mismo modo, la ciudad gana nuevos equipamientos y servicios públicos básicos para la población.

 


Barrio de San Cristóbal y plaza de la Estrella en la década de 1950 (Archivo Municipal de Lorca)

 

   A partir de los años 60 Lorca inicia su gran transformación económica y urbana, aunque la emigración rural continuará activa hasta finales de 1970 a otras regiones más industrializadas. Desde el punto de vista productivo, en las últimas décadas se ha evolucionado hacia la diversificación de la economía local, restando peso específico a las actividades agrícolas y ganaderas, tradicionalmente las más empleadoras. Con el desarrollo de nuevas zonas industriales y parques empresariales junto a las principales vías de comunicación, se ha expansionado la actividad industrial y logística aprovechando la situación estratégica de Lorca en el corredor Mediterráneo. Asimismo, el habitual papel que Lorca ha desempeñado como núcleo comercial de una amplia comarca natural que desborda los límites regionales y que le ha valido para designarla como «Capital Subregional», se ha intensificado notablemente con la instalación de grandes empresas en los últimos quince años. En la actualidad Lorca es una gran ciudad comercial y de negocios con una interesante oferta cultural y ferial, siendo una referencia de primer orden en el contexto de la Región de Murcia y provincias limítrofes.

 


Lorca de noche: Río Guadalentín

 

   En el aspecto urbanístico Lorca ha crecido enormemente. Siguiendo los principales ejes de comunicación, la ciudad ha creado nuevos barrios, los cuales se han ido adosando al denso centro urbano. Integrado en él, el Casco Histórico está en fase de recuperación y rehabilitación para disfrute de lorquinos y visitantes. Más allá de la ciudad compacta está la huerta lorquina, en pleno proceso de periurbanización.

   La población de Lorca está hoy próxima a los 100.000 habitantes. Esta ciudad, histórica y moderna a la vez, afronta el futuro inmediato con esperanza e ilusión pese a los acontecimientos adversos de los terremotos del pasado 11 de mayo de 2011 para posicionarse como un destino turístico de calidad y aprovechar las nuevas oportunidades para hacer de Lorca una ciudad cada día mejor para satisfacción y bienestar de sus vecinos y visitantes.

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